No hay nada que más mole que la vuelta al cole. Y al trabajo
Volver a la rutina con alegría y sin el más mimo atisbo de preocupación, pereza o tristeza, es algo que pedimos a la infancia pero que las personas adultas no hacemos ni de lejos. Nosotros podemos tener síndrome postvacacional, ponernos insoportables o despotricar sin sentirnos juzgados. Pero si vas al cole no se te ocurra expresar que tienes cosilla de enfrentarte a lo nuevo, de conocer a tu nueva maestra o de hacer amigos. Tampoco que te da nervios en la tripa separarte de tus padres, que piensas que madrugar obligado es un asco o que lo de aprender a leer te da cierto respeto. En este cuento validamos y ponemos palabras a todas esas emociones… que, aunque no se expresen, existen. Ya que hay que volver, volvamos de la mejor manera posible: con empatía
¡Ah! También vale para las vueltas de Navidad, largos puentes o lunes que se hacen cuesta arriba.
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